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Claves de la escucha empática y activa en niños

Carl Rogers y Richard E. Farson fueron los primeros en usar el concepto de  escucha activa a mediados de los años 50. Según su teoría, los niños no entienden hasta aproximadamente los 12 años el mundo de los adultos, de manera que somos los adultos los que debemos ponernos a su nivel e intentar entender el suyo

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Unos 20 años más tarde, Thomas Gordon popularizó esta idea y la convirtió en un método para los padres, aunque lo cierto es que se trata más bien de una actitud ante la crianza y la comunicación con los peques que hoy en día todavía sigue siendo muy interesante. A continuación te explicamos mejor en qué consiste, sus beneficios y, si te interesa, cómo llevarla a cabo con los pequeños que tienes a tu alrededor.

¿Qué son la escucha empática y la escucha activa?

En primer lugar, cabe aclarar que escucha activa y escucha empática se suelen usar como sinónimos, ya que la empatía es justo lo que se busca lograr en la comunicación entre padres e hijos.

La escucha activa es una manera de comunicarnos en la que queremos hacerle saber al niño o la niña que estamos atendiendo y comprendiendo aquello que nos dice. Cuando escuchamos de manera activa, lo hacemos de manera consciente y empática, es decir, hacemos un esfuerzo por centrar toda nuestra atención en aquello que nos está explicando y percibir realmente cómo se siente. 

Cabe añadir que la escucha activa no debe ir solamente en una dirección. Los adultos debemos dar ejemplo y usarlo para pedir que los peques también te escuchen activamente cuando tú les estás diciendo algo o incluso cuando hablan con otras personas, ya sean amigos o familiares.

Cómo hacer que la escucha activa funcione en niños y niñas

Lo más importante para llevar a cabo una escucha activa eficaz es implicarse al máximo con aquello que está explicando el otro y demostrar empatía. Bajo ese paraguas, hay varias claves a seguir para que el niño o la niña sienta que le escuchas activamente:

  1. Establece contacto visual. Si es necesario, agáchate para ponerte a su altura, mirarle a los ojos y fijarte bien en su expresión.
  2. Demuestra que le estás escuchando. Además de usar la mirada, puedes asentir con la cabeza o incluso usar palabras como «vale» o «sí» para acompañar su discurso y verificar que estas entendiéndole.
  3. Espera a que termine de hablar. Déjale expresar todo lo que quiere decir, incluso si le cuesta o no encuentra las palabras.
  4. Evita las distracciones. El móvil debe estar lejos y la tele apagada y cualquier otra cosa que pueda interrumpir la conversación tiene que pasar a un segundo plano. De esta manera demostramos que aquello que nos está explicando el peque es lo más importante en ese momento y nuestra atención se enfocará solo en eso.
  5. Evita frases o expresiones que quiten importancia al asunto. Para el niño o la niña, aquello que te explica puede ser muy relevante y necesita tus consejos y comprensión, no frases como «seguro que no es para tanto» o «no pasa nada».
  6. Reconoce su lenguaje no verbal. Interpreta qué significan los gestos que hace, sus expresiones, su postura al hablar, etc.
  7. Evita contestaciones rápidas. Por ejemplo, si el peque dice que está cansado, resulta sencillo decir que «yo también» o «yo más», pero es mejor preguntarle por qué está tan cansado y que te explique su día tan ajetreado.
  8. Da ejemplos de escucha empática. Los cuentos son una gran herramienta para fijarse en cómo otros son capaces de escuchar y remar juntos. En este caso, los cuentos personalizados resultan ideales, ya que el niño o la niña se convierte en protagonista y se identifica mucho más con la historia. Entre todos los que puedes encontrar en MiCuento te recomendamos La búsqueda del tesoro, que trata muchos valores y emociones de forma original.

Beneficios de la escucha activa y empática

Según los expertos, practicar la escucha activa de forma correcta con tus hijos les aportará una serie de beneficios muy importantes, especialmente en el desarrollo de su inteligencia emocional, clave para el reconocimiento de las emociones y para practicar valores como la solidaridad

En primer lugar, se fortalece el vínculo afectivo y de confianza con los peques. Gracias a la escucha empática se ven con mayor seguridad a la hora de explicar las cosas a la familia, tanto las buenas como las malas. Eso repercute positivamente también en su autoestima, vital para su equilibrio y felicidad personal.

Se fomenta también su empatía, ya que se da un ejemplo sobre lo importante que es escuchar, ponerse en la piel de los demás e intentar dar los mejores consejos. Esa actitud la imitarán con sus hermanos, amigos del cole o con los propios padres.

La escucha activa también sirve para tratar las rabietas infantiles, pues es la mejor manera para hacerles entender una conducta inapropiada. La clave para apaciguar sus berrinches es mantener la calma, ya que las emociones se contagian y, si el niño o la niña ve cómo te enfadas o le amenazas, solo lograrás que la rabieta aumente de intensidad. Escúchale, sé asertivo y mantente firme con tu postura pese a la rabieta

Por último, gracias a esta escucha empática los padres aprendemos a comprender sus sentimientos. La escucha activa obliga a los padres a salir de su mundo y entrar en el universo de sus hijos, un ejercicio genial para detectar todas esas pequeñas pistas emocionales que de otra manera habrían pasado desapercibidas. En definitiva, la escucha activa también convierte a los padres en personas más sensibles y disponibles emocionalmente.

 

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