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Mesa de la paz en niños: Edad, objetos y consejos

mesa de la paz


Los niños y las niñas viven a diario conflictos con sus hermanitos y hermanitas, con papá o mamá, con los compañeros de clase… e incluso consigo mismos. Estos conflictos generan situaciones estresantes difíciles de gestionar, especialmente en unas edades tan tempranas, en las que todavía están aprendiendo sobre inteligencia emocional.

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Para ayudarles a comprender sus sentimientos y las emociones de los demás podemos poner a su disposición recursos de todo tipo, así como actividades para resolver conflictos de forma civilizada. Uno de ellos es la mesa de la paz, ideal para implementar tanto en casa como en la escuela. Te explicamos todos sus detalles a continuación.

¿Qué es la mesa de la paz?

La mesa de la paz es un espacio al que acudir cuando existe un conflicto, pelea o discusión entre dos o más miembros de la familia. El objetivo es que el peque aprenda a identificar, controlar y gestionar sus emociones, incluso cuando esté enfadado/a o triste.

También se debe usar la mesa de la paz cuando haya un conflicto interno. El niño o la niña puede acudir a ese rincón cuando se sienta triste, nervioso/a, agobiado/a, frustrado/a, nervioso/a o simplemente necesite soledad y tranquilidad.

Este recurso Montessori debe ser visto como una posibilidad más que el peque puede elegir cuando existan conflictos externos o internos, como el bote de la calma o la técnica de la tortuga. Es muy importante que no sea visto como una obligación, ya que entonces lo percibirán como un lugar negativo. 

¿A qué edad se usa la mesa de la paz con niños y niñas?

Como suele ocurrir en la mayoría de aprendizajes de este tipo, la edad a la que se puede empezar a usar la mesa de la paz dependerá de cada niño/a y sus circunstancias

De forma general, podemos decir que la mesa de la paz se puede usar a partir de los 3 años, pero quizás otro peque con un hermano mayor o una buena expresión oral es capaz de usarla antes, mientras que a otros les costará un poquito más ser capaces de escuchar, tener paciencia y expresarse.

Aun así, hay que tener en cuenta que se trata de una actividad que requiere de práctica. Las primeras veces quizás no será sencillo, pero recuerda que no debes obligar al niño o la niña a usarla, sino explicarle los beneficios y ofrecerla cada vez que surja un conflicto.

Fuente: DGAF Profesorado

Ideas de objetos para usar en la mesa de la paz

En primer lugar, hay que ubicar la mesa de la paz en un espacio comunitario de la casa, no en la habitación del peque. Se puede usar una mesita baja o auxiliar y un par de sillas como mobiliario, e incluso darle mayor sensación de confort con una alfombra, unos cojines y unas mantas.

En la mesa debemos poner objetos que sean útiles tanto para facilitar la comunicación como para relajarse y calmar el ánimo. Estas son algunas ideas:

También resulta muy interesante usar un libro que le ayude a identificar cómo se siente. Por ejemplo, puede ver qué emoción tiene un personaje, qué palabras puede utilizar para expresar sus sentimientos y cómo actúa ese personaje en una situación similar. 

Nosotros te recomendamos usar cuentos personalizados como La búsqueda del tesoro, una gran aventura en el que el peque será miembro de la tripulación de un barco, o Eres único en el mundo, un viaje por las estrellas junto al Principito. De esta forma, el niño o la niña se convierte en protagonista de las aventuras que explican los libros, facilitando que se sienta identificado/a con aquello que vive y sus relaciones con los otros personajes. Estos libros promueven la lectura sobre todo entre los más pequeños y pequeñas, lo que les descubre una nueva actividad para entrar en calma.

Consejos para solucionar conflictos en la mesa de la paz

Una idea muy aconsejable para implementar la mesa de la paz en casa es simular un conflicto para «practicar». Cada miembro de la familia debe interpretar un rol y usar varios objetos de la mesa para ver su utilidad.

También deben quedar muy claras las normas, entre las cuales no pueden faltar: 

Empezar a hablar en la mesa de la paz suele ser complicado, ya que al principio es cuando las emociones están más a flor de piel. Para desbloquear esa situación resulta muy importante que empiece a hablar solo un niño o niña, sin que nada ni nadie interrumpa. Incluso puede dibujar o escribir sobre lo que le ha llevado a ese estado si le da vergüenza o no sabe cómo expresarlo en voz alta.

Nunca hay que obligar ni a acudir a la mesa de la paz ni a hacer las paces de forma forzada. Cada peque debe ir al lugar de forma voluntaria y con la intención de resolver el conflicto.

Los adultos tampoco debemos ejercer de jueces, sino de moderadores. Hay que insistir mucho en generar empatía y que cada parte entienda a la otra. Si defendemos a uno de los dos bandos, el otro se sentirá desprotegido, con sentimiento de rabia e injusticia, y no querrá volver a resolver conflictos de esta forma.

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