Autoinstrucciones de Meichenbaum: entrenamiento y ejemplos


La capacidad de atención y planificación es muy importante para que los niños y las niñas desarrollen habilidades que son muy importantes durante su etapa de educación preescolar.  

Existen muchas actividades para mejorar la atención de los peques, desde copiar dibujos hasta leer cuentos o jugar al veo, veo. En esta ocasión queremos presentarte una técnica llamada entrenamiento en autoinstrucciones de Meichenbaum que, aunque en un principio se enfocaba mucho en niños y niñas con TDAH, se puede usar en casa con cualquier peque como un ejercicio más.

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Objetivos de las autoinstrucciones de Meichenbaum

Las autoinstrucciones de Meichenbaum, también conocidas como entrenamiento cognitivo, están orientadas a mejorar la capacidad de organización, planificación y atención. Como su propio nombre indica, son afirmaciones internas que hace uno mismo e indican cómo el peque se debe sentir, comportar o hacer ante una situación.

Donald Meichenbaum ideó esta técnica en 1971 para ayudar a niños y niñas con TDAH a  facilitar el afrontamiento de una determinada tarea, situación o conflicto. Sin embargo, también se puede llevar a cabo con niños y niñas sin ningún trastorno o incluso en adultos. Entre sus objetivos, destacamos estos cuatro:

  1. Mejorar el autocontrol
  2. Aumentar la confianza en uno mismo y en sus propias acciones
  3. Ayudar a ordenar y planificar la resolución de problemas
  4. Tomar conciencia de sus actos

Cómo hacer el entrenamiento en autoinstrucciones de Meichenbaum

El entrenamiento de autoinstrucciones de Meichenbaum consta de cinco fases o etapas. Se deben llevar a cabo con la ayuda de un adulto, que puede ser papá, mamá, algún familiar o un psicólogo. A medida que se avanza de etapa, cada vez toma más protagonismo el niño o la niña y disminuye el del adulto.

1. Modelado

En la primera etapa, el adulto sirve de modelo o referencia. Debe realizar una tarea y pensar en voz alta todo el proceso mientras el niño o la niña le observa. Así pues, tendrá que explicar el motivo de cada acción, planificar la siguiente y seguir los pasos en voz alta. Si se equivoca, también debe decirlo.

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2. Guía externa en voz alta

En la segunda etapa, el adulto dará las pautas o instrucciones al peque, de manera que le orientará sobre qué debe hacer en cada paso. Se trata de hacer caso y confiar en que el adulto le llevará por buen camino.

3. Autoinstrucciones en voz alta

En la tercera fase, las instrucciones las dirá el niño o la niña en voz alta, al mismo tiempo que las ejecutará. Los pasos deben ser los mismos que los de las etapas 1 y 2 para facilitar su memorización.

4. Autoinstrucciones en voz baja

En la cuarta etapa, el peque repetirá las instrucciones en voz muy bajita, casi susurrando, de manera que lo hará más para él mismo que para que le escuche el adulto que tiene delante.

5. Autoinstrucciones encubiertas

Finalmente, el ejercicio concluye en que el niño o la niña piense las instrucciones y las ejecute. Deberá buscar también otra actividad que requiera de varios pasos para ser realizada y pensar las instrucciones que le ayudarán a completarla.

Ejemplos de entrenamiento en autoinstrucciones de Meichenbaum

Un buen ejemplo para llevar a cabo las autoinstrucciones de Meichenbaum es preparar la mochila del cole para el día siguiente. Es ideal para hacer este entrenamiento porque hay que seguir unos pasos concretos y planificar: abrir la mochila, poner primero los libros grandes, después el cuaderno, el estuche… y pensar en el desayuno de la hora del patio, así como la bata o el chándal que deben llevar dependiendo de las asignaturas que toquen.

Otros ejemplos de acciones cotidianas para poner en práctica las autoinstrucciones de Meichenbaum pueden ser:

  • Bañarse
  • Vestirse
  • Jugar con bloques de construcción como LEGO
  • Guardar los juguetes
  • Ayudar con las tareas del hogar

Por último, es normal que en algún paso el peque se quede atrapado, sin saber cómo continuar. En ese caso, las autoinstrucciones deben cambiarse por auto interrogaciones, como por ejemplo «¿cuál será la mejor forma de seguir?», «¿qué tengo a mi alrededor que me ayude?» o «¿para qué estaba haciendo eso?».

Asimismo, cuando un paso salga mal, los pensamientos del niño o la niña no deben ser nunca del tipo «lo hago todo mal», sino animarse con frases como «no pasa nada, todo el mundo comete errores», «me he equivocado, pero sé arreglarlo solo/a» o «¡lo estoy haciendo muy bien!».

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