La técnica de la tortuga para trabajar el autocontrol


La empatía, la comunicación y la resolución de conflictos son algunas de las bases de una educación basada en la inteligencia emocional. A menudo, los niños y las niñas se encuentran con situaciones en las que no saben cómo reaccionar y pierden el control, expresando su frustración, ansiedad o enfado de forma alterada. 

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Técnicas como la de la tortuga, que te explicamos en el artículo de hoy, o soportes como el bote de la calma o los cuentos sobre valores, son herramientas perfectas para ayudar a los peques a controlar sus emociones y, poco a poco, afrontarlas de forma más racional.

¿Qué es la técnica de la tortuga?

La técnica de la tortuga es un método de autocontrol de los impulsos y las emociones basado en la técnica de Marlene Schneider y Arthur Robin (1990). Se usa la analogía de la tortuga por cómo se repliega dentro de su caparazón cuando se siente amenazada. 

Dentro del caparazón, la tortuga es capaz de reflexionar, pensar sus acciones y tranquilizarse. Eso es justo lo que debe hacer el peque antes de reaccionar con rabietas, palabrotas o golpes ante determinados estímulos.

La edad recomendada para enseñar la técnica de la tortuga es la etapa preescolar y en los dos primeros cursos de educación primaria. En un principio, este método se pensó para ser aplicado en la escuela, aunque puede adaptarse y enseñarse en casa.

¿Cómo aplicar la técnica de la tortuga con los niños?

Empecemos explicando al niño o la niña el cuento de la tortuga que usa su caparazón para tranquilizarse. En este vídeo lo cuentan de forma muy amena:

En el cuento se habla sobre tres pasos que se deben seguir para aplicar la técnica de la tortuga: parar, respirar y pensar en los problemas y las soluciones. Una vez llevado a cabo este procedimiento es cuando se debe actuar. Es una propuesta muy parecida al semáforo de las emociones.

Para llevar a cabo los dos primeros pasos podemos enseñar a los peques nociones básicas de relajación muscular. En momentos de relax, podemos hacer actividades con nuestros hijos para enseñarles a poner en tensión cada músculo y a relajarlo de forma consciente. 

Para ello debemos crear un clima de calma, les hablaremos despacio con voz suave y les iremos pidiendo que relajen una a una las partes del cuerpo: la cara, los hombros, la barriga, las piernas… todo ello, mediante una respiración controlada en todo momento. Esa es la forma de meterse en su propio caparazón.

Una vez relajados, es importante ayudar a los niños a encontrar soluciones a los posibles conflictos. Para ello, podemos poner en práctica algunas de las situaciones que alteran al niño o a la niña, inventarlas para que el peque las resuelva o incluso inspirarse en los cuentos. Los libros personalizados son ideales para este tipo de actividades, ya que al ser ellos mismos los protagonistas de las historias, los peques se identifican mucho más con todo lo que ocurre en ellas.

Como dice la tortuguita en el cuento, es muy importante practicar estas situaciones para que, cuando ocurran de verdad, tengan en la mente «probar la técnica de la tortuga». Unas veces saldrá y otras quizás la situación les supere, pero intentarlo es lo más importante.

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